Te contamos la fascinante historia del juego de cartas más ibérico: el mus

Quien más y quien menos, todo el mundo que se haya criado en España al menos ha escuchado hablar del mus. Es un divertido juego de naipes, que se juega con baraja española, pero que no sólo se practica en España. A lo largo de los siglos también se ha extendido a muchos países de Sudamérica y del Mediterráneo.

Un juego divertido y sencillo… si te lo explican bien

Las reglas del mus pueden parecer complejas para los jugadores neófitos. Además, cada país o región tiene sus propias normas. Algunas variaciones sólo difieren ligeramente de otras, mientras que otras son sensiblemente distintas. Lo que tienen en común prácticamente todas las variedades de mus, es que siempre juegan cuatro personas agrupadas en dos parejas, y que las jugadas (o lances) se dividen en cuatro modalidades: grande, chica, pares y juego. Además, los códigos de comunicación entre las parejas consisten en una serie de muecas que se deben hacer discretamente sin que los oponentes se den cuenta.

Tanto las normas como la nomenclatura del mus son amplias y complejas, por eso lo mejor es que alguno de nuestros crupieres os enseñe in situ el funcionamiento del juego. Además, así os podréis asegurar de que todos los jugadores comparten un reglamento común, pues si uno de los jugadores es de, digamos, Aragón, y el otro de Andalucía, es posible que sepan jugar de formas diferentes.

Origen vasco de raíces inciertas

En este artículo no os queremos explicar el reglamento del mus, sino la curiosa historia que hay detrás de este popular juego. Los primeros registros escritos que existen del mus nos llegan del Padre Manuel Larramendi, un jesuita que documentó ampliamente las costumbres y lenguas vascas durante el siglo XVIII. Larramendi escribió, en 1754, un tratado sobre Guipúzcoa llamado Corografía o descripción general de la muy noble y leal Provincia de Guipúzcoa, en el que relataba todo lo relacionado con la cultura y costumbres guipuzcoanas. En este texto habló por primera vez del mus, que jugaban los hombres mayores en los caseríos y las tabernas. Ya en esta primera descripción del juego se hace hincapié en lo divertido que es, no sólo de jugar, sino también de observar. Larramendi lo describe así:

«El juego tan antiguo en el país como los mismos naipes, es el del mus, que tiene cuatro lances. Piérdese un lance y gánase otro; piérdanse los otros tres, y el cuarto dice al perdido: «¡Ordago!», que hace temblar al ganancioso; y si responde «Iduqui» se acaba la partida. El juego es muy divertido por lo que se engañan, por lo que se habla y por las muecas y señas que se hacen con los ojos y modos de mirarse, y sobre todo con los labios y hociquillo, y desde donde se llamó mus este juego».

Aunque la primera mención escrita al juego data de mediados del siglo XVIII, el propio Larramendi reconoce en sus escritos que ya entonces se trataba de un juego antiguo bien asentado en la zona, pero que no había sido capaz de trazar su origen exacto. La baraja española data del siglo XVI, así que ya para 1754 el mus podría tener hasta más de cien años de historia.

El mus tiene su origen en el país vasco

«Mus»: un juego con nombre de beso

Según Joan Corominas (toda una institución de la etimología en España), el nombre del mus procede del euskera musu, que significa beso. Esto seguramente haga referencia a una de las muecas o señales secretas que utilizan los jugadores para comunicarse entre sí, y que consiste en que uno de los jugadores «tira un beso» a su compañero para indicarle que tiene juego, pero no llega a los 31 puntos.

Desde mediados del siglo XVIII, el juego se ha extendido no sólo por toda la península, sino por Latinoamérica y por nuestros vecinos mediterráneos. Los franceses lo habrían introducido en su país a través de los peregrinos que, en camino hacia Santiago de Compostela, pasaban por el País Vasco y se llevaban el juego aprendido. A Argentina, Uruguay, Perú y Venezuela, se lo llevaron los inmigrantes españoles de mediados del siglo XIX. Y, aunque no es el juego de naipes más popular de Italia, hay registros de soldados italianos que lo importaron después de haber jugado con los soldados españoles durante la Guerra Civil de 1939.

 

Sin federación oficial no hay reglamento oficial. La pregunta es: ¿hace falta un reglamento oficial?

El mus se lleva jugando tantísimos años (siglos, de hecho), que las reglas están más que establecidas. Es cierto que, por ejemplo en España, cada Comunidad Autónoma tiene sus propias costumbres. Sin embargo, jugadores de la misma zona no tendrán problemas en ponerse de acuerdo. En realidad, siempre que haya un crupier presente, no habrá problemas con respecto a las normas (para eso están los crupieres).

Aunque no haya un reglamento común que unifique todas las versiones, sí se ha ido perfilando una suerte de acuerdo internacional para poder organizar campeonatos con jugadores de nacionalidades diferentes. El último gran torneo de mus se celebró en La Pampa, Argentina, en 2018, y ganó una pareja de jugadores navarros.

Un juego perfecto para animar la fiesta

Aunque pueda parecer un juego aburrido si  no se lo conoce, lo cierto es que el mero hecho de observar una partida de mus es divertido en sí mismo. Es una adición ideal para un evento distendido y de larga duración, como una fiesta de empresa, de cumpleaños o una boda. También es perfecto como ejercicio de team building, ya que la compenetración y complicidad entre los jugadores es fundamental para ganar el juego.

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