En Casi-Casino no sólo estamos comprometidos con el espíritu de diversión del juego, sino que nos apasiona toda la historia y mitología que rodea a una de las prácticas más antiguas del mundo. Hoy vamos a hablar de la palabra «azar»: de dónde viene, y cómo se relaciona su origen con la historia del juego.

Algo en la suerte del juego de azar que apela al ser humano

Es cierto que las dinámicas de las sociedades modernas han convertido los juegos de azar en prácticas automatizadas que  pueden llegar a resultar peligrosas si no se practican con moderación. Además, en la consciencia colectiva moderna, asociamos «juego de azar» con máquinas como las tragaperras. Es lógico que advertir acerca de los peligros de la ludopatía se haya convertido en algo necesario. Pero lo cierto es que los juegos de azar no son un invento de los casinos, sino que llevan entre nosotros miles de años.

Los primeros vestigios que hemos encontrado de juegos de azar en la sociedad occidental son unos protodados de cuatro caras, también llamados «tabas«. Los tallaban las sociedades asirias y sumerias, alrededor del 2.600 a.C, a partir de un hueso del talón de los animales, llamado «talus» o astrágalo. No está muy claro cuáles eran las normas de uso de estos dados. Pero lo que sí sabemos es que la práctica llegó hasta Egipto, donde se tallaron los primeros dados de seis caras. Un par de milenios después Roma y Grecia recogen el testigo, y es ahí donde los dados adquieren una popularidad que mantienen hasta hoy.

El origen de los dados como herramienta para los juegos de azar se extiende por toda la cuenca mediterránea

«Azar»: el viaje fascinante de una palabra

Las palabras no nacen con un significado estanco, sino que le vamos dando forma con el uso. Diferentes civilizaciones y culturas aportan y restan matices y significados a las palabras que heredan unas de otras, hasta que se configura el resultado final que llega hasta nosotros, y que no será más que un eslabón en el resultado del mañana. Es el caso de la palabra «azar». «Azar» viene del árabe y significa «flor». Tiene la misma raíz etimológica (el mismo origen) que «azahar», la flor del naranjo.

¿Por qué le hemos puesto a la suerte un nombre de flor? La explicación es muy sencilla: en las costas mediterráneas, para distinguir los lados de las tabas (esos protodados de los que hablábamos al principio), se tallaba una pequeña flor en uno de los lados. Este lado era el que traía la suerte. Los árabes vieron esto, y empezaron a referirse a estos pequeños objetos poliédricos por el nombre de los dibujos que había en ellos: «az-zahr» . Flor.

La palabra azahar y la palabra azar comparten raíz etimológica y por tanto significado (como en juego de azar, y azahar para la novia)

Un palabra que viaja a otros idiomas

Con el tiempo, la palabra usada para referirse al lado florido de las tabas comenzó a significar  «suerte» por sí misma. Tanto se asentó esta nueva acepción del término que las connotaciones del nuevo significado empezar a migrar de un término a otro, y desde hace siglos se considera que las flores de azahar traen buena suerte. En la cultura árabe y muchas zonas de Andalucía se asocian las flores del naranjo con la buena suerte de las novias; y aunque sea una tradición olvidada es parte de la causa por la que hay mayor concentración de bodas en primavera, durante la floración de los naranjos.

Una de las cosas que más nos gustan de la etimología es que al rastrear el viaje de una palabra, nos damos cuenta de hasta qué punto el lenguaje es urdimbre. En el caso de «az-zahr», la palabra llegó hasta el vocabulario de las sociedades germánicas ya con el significado de «suerte» entendida como un «encadenamiento de los sucesos, considerado como fortuito o casual». Y cuando algo es fortuito o casual, puede ser favorable o adverso. Esta posibilidad 50/50 hace que al significado de «azar» vaya unido el de «riesgo», que es el uso que dan los anglosajones a la flor de los naranjos: «Hazard» . Mientras que en castellano las derivaciones de az-zahr han venido darnos buena fortuna, en inglés y alemán terminaron significando «peligro».

En resumen, los juegos de azar llevan tanto tiempo formando parte de nuestras sociedades, y sus palabras están tan intricadas en su vocabulario, que hoy en día es imposible saber dónde empiezan los dados y terminan las flores, y tal es la nobleza que encontramos en el juego en Casi-Casino.